344. 8 1/2 (1963)
Dir. Federico Fellini
Pluma residente: Camila Mendoza
Es quizá el sueño de todo cineasta acercarse a filmar la vida, en ese intento se han creado películas raras y peligrosas que intentan capturar el pulso mismo de la conciencia. 8 1/2 es la única que ha logrado hacerme sentir el vértigo de estar vivo, la imposibilidad de ordenar el caos interior cuando la memoria, el deseo, el arte y la culpa comienzan a mezclarse y mancharnos todos los órganos como tinta en agua.
Fellini hace sonar su claqueta y nos sitúa en un sueño sofocante dentro de un automóvil embotellado por el tráfico; desde ahí la película declara sus intenciones de borrar toda frontera entre realidad, fantasía, recuerdo y alucinación. No tenemos otro remedio que atarnos un cordón al tobillo para intentar aferrarnos al mundo. Un hombre atrapado, escapa flotando hacia el cielo… para después ser arrastrado de nuevo a la tierra con todos nosotros ya metidos en bolsa del pantalón. Esta y todas sus metáforas son transparentes y brutales, porque qué otra cosa es crear arte sino intentar elevarse por encima del peso de la vida aún cuando necia siempre esté tirando de nosotros hacia abajo.
La narración en esta cinta es un auténtico y colosal remolino. Es un torbellino de escenas donde el presente de un rodaje se entrelaza con la infancia, los deseos reprimidos, las mujeres que orbitan alrededor Guido Anselmi y las imágenes que pueblan su imaginación. Una corriente mental donde cada secuencia nace de la anterior como un pensamiento; estoy convencida de que Federico metió a todo el equipo de rodaje a su cabeza y he aquí el resultado de su secuestro. El cine abandona la bondad del relato ordenado y se convierte en un espejo del pensamiento tan humano que todos estamos siempre experimentando. Los recuerdos nos irrumpen sin permiso. Los sueños se deslizan dentro de la vigilia de las tardes de domingo. La fantasía empieza a confundirse con la falsa realidad.
Aunque parezca una contradicción, la fotografía en blanco y negro, ausente de colores, es fundamental para esta sensación. La bicromía (con todos sus grises) se vuelve voluptuosa, llena de contrastes y texturas. Las luces saben acariciar los rostros y los espacios, creando una atmósfera donde todo se siente ligeramente irreal, ominoso, como lo que ocurre en la memoria. En la película y en el rodaje dentro de la película, estamos todo el tiempo saturados de decorados tan monumentales como absurdos: una gigantesca estructura de la nave espacial que nunca despegará, una escenografía que Guido no tiene idea de cómo utilizar, se convierte en el simbolismo perfecto de la película misma; una construcción enorme levantada para un proyecto que tal vez no exista.
Guido es la caricatura perfecta del artista, del director paralizado por su propia imaginación. Lo rodean productores, actores, mujeres que reclaman su afecto y atención mientras él se encuentra en otro lugar, dentro de su propia mente. Y bueno, no es ningún secreto que la película se vuelve autobiográfica, universal en mismo tamaño, porque estos conflictos existenciales no son, ni han sido exclusivos de las grandes miradas italianas. ¿Qué significa vivir una vida auténtica?. ¿Puede el arte redimir nuestras contradicciones?
No me gusta nada la mirada que pone a las mujeres en una cinta como fragmentos diseñados para funcionar a un ser masculino; pero no voy a discutirle a Fellini sus figuras femeninas de la infancia, míticas; ni sus amantes cálidas y clandestinas; tampoco todas las que habitaron su amontonado imaginario. Esa secuencia donde todas las mujeres de su vida viven juntas dentro de las muchas paredes de su imaginación, obedeciendo a sus fantasías circenses, es deliciosa, pero es verdad que da solita para más de un escrito… del género que se les ocurra. El grotesco sueño masculino de dominarlo todo. La película se ríe de su propio protagonista con elegante crueldad. Esa danza de la ironía y melancolía es uno de los rasgos más hermosos de toda la película.
El sueño culmina en un auténtico y estereofónico carnaval; una de las conclusiones más luminosas e inverosímiles de la historia del cine. Después de todo el caos, toda la indecisión y toda la angustia; nos damos de lleno al caos. La vida no necesita resolverse para ser vivida. ¡Vive, vive, vive!. El arte no necesita explicarlo todo para ser verdadero. La procesión hermosa de la algarabía del mundo… la coreografía de los sueños.
Vale la pena seguir filmando.








Excellent piece... Gracias!!