364. Obsession (2026)
Dir. Curry Baker
Escribe: Luis F. Sotres
Es muy probable que hayas deseado alguna vez que alguien te amara por sobre todas las cosas, que esa persona especial respondiera a tu pasión de la misma forma ¿Qué no darías por sentir sus ojos llenos de amor por ti, su voz llamándote, sus sentimientos descubiertos, sus manos sobre tu piel? ¿Serías capaz de dar tu voluntad, tus vísceras o hasta tu vida? Quizá las preguntas más importantes son ¿De qué serías capaz para que ella corresponda tu deseo? ¿Se trata de convencer, de la sugestión de palabras a través de juegos de seducción? ¿O es más una cuestión de fuerza, de doblegar a la otra para su propio beneficio, como a un caballo bronco? Después de todo, si tu amor es puro y hermoso, no habría mejor dicha que volverse tu amante, que abrir el corazón a tu bella y fogosa obsesión.
Nikki y Bear son amigxs desde la preparatoria, que ahora trabajan atendiendo una tienda musical. Bear es un hombre introvertido y contenido, atrapado en sus pensamientos. Nikki es una mujer alivianada y determinada, con una soltura y confianza que Bear carece y admira de ella. A Bear le gusta Nikki y una noche decide que es momento de arriesgar la amistad por la posibilidad de una relación. Esa noche Bear fracasa en su intento de declaración y encuentra una vara de sauce que concede un único deseo. En un momento de desesperación, él desea que Nikki lo ame más que a nada en este pinche mundo y su deseo se cumple.
Hay dos narrativas de horror que me fascinan por su cercanía con la vida cotidiana: los deseos de la pata del mono y el suspenso psicosexual. La primera es una alegoría de lo fácil que es perderse en pasiones y querencias, sin darnos cuenta que la persecución de nuestras metas hasta sus últimas consecuencias termina por destruirnos, como comer un kilo de cerezas de una sentada. El segundo es un subgénero del terror que aniquila la sacralidad del amor romántico. La relación de dos enamorados es frágil por su misma naturaleza, obligados a vulnerarse y confiar mutuamente. Es incluso peor cuando ese amor no es correspondido, puesto que el amante solitario es obligado a soltar o transformar sus sentimientos para seguir su vida. Hay una tercera opción, más oscura y terrible, que es desfigurar tus sentimientos, dejarse llevar por la obsesión y las inseguridades que terminan por arrancar tu identidad, por transformarte en un espectro que atormenta tus noches y las de la persona que solías amar en ambas medidas. Poca gente escoge esta tercera opción, pero mucha la toma porque es difícil gestionar tus emociones, y es más fácil dejarse llevar por ellas sin saber el destino. Aquí, el cine de horror florece y prospera, listo para mostrarnos los monstruos que nos habitan, que vigilan lo recóndito de nuestras psiquis, listos para saltar en un trágico momento.
Obsession es una película incrustada en su momento histórico, su forma de ver e interactuar con estos temas apela a la juventud de ahora. Esto también se nota, para su detrimento, en la producción, que siento sigue estándares muy lineales y terminan por borrar una identidad visual creativa. Otras películas de terror actuales como Talk to Me (2022) o Barbarian (2022), se ven iguales, me parece un problema que aqueja al Hollywood de ahora. Eso sí, debo reconocer que la iluminación es muy bien utilizada en momentos de tensión, aún si el resto de la producción es trillada. Al respecto de los actores, creo que hacen bien su trabajo sin destacar particularmente, a excepción de Inde Navarrete (Nikki), que se nota lo mucho que se divirtió en su papel y carga con todo el suspenso de la película.
Sin destripar mucho de la historia, creo que refleja mucho de la ineptitud social actual que viene de la atomización tecnológica, de cómo la vida moderna destruye la comunidad. Los hombres solitarios que no saben decir lo que sienten no son una invención moderna, pero creo que el internet exacerba sus tendencias antisociales. Con las redes sociales y la digitalización de servicios, es fácil encerrarse de la realidad y vivir de estímulos positivos. Una vida así no da las herramientas para enfrentarse con los inconvenientes de lo cotidiano, como es no ser correspondido en el amor. En el caso de Bear, es incapaz de siquiera enfrentar sus sentimientos, de vulnerarse y comunicarse con la persona que supuestamente quiere. Hay un monstruo en Obsession, una súcubo del maldito infierno, pero el antagonista de la historia es la desidia; los sentimientos espectrales que guían las decisiones de Bear y lo hacen un personaje detestable y patético. De Nikki no vemos mucho, lo cual es una pena. Para ser la otra mitad de la pareja, ella es sólo una víctima, sin un desarrollo más allá de “vaya mes de mierda que tuve”. Es una historia de hombres contada por hombres, y creo que se hubiera beneficiado de una presencia femenina con una voz más fuerte en el guión.
Hay que ver esta película en el cine, definitivamente. El ritmo de la película es muy bueno, me tuvo con los pelos de punta un buen rato. Es justo lo familiar de la premisa que da una atracción fatal a sus espectadores, es bello verla con audiencia. De hecho, le otorgo a Obsession el honor de ser la primera vez que un jumpscare en serio me hace gritar de espanto, nunca me había pasado. Esto se logró gracias a algo que de verdad es difícil en estas películas: lograr un falso sentimiento de seguridad cuando sabes perfectamente el desenlace de la escena. Incluso, como cereza del pastel, la película tiene varios momentos de comedia bien acomodados que permiten un respiro de la tensión. Esta tiene potencial para ser una película que defina nuestra década de 2020.
(¡Gracias Isa por la recomendación!).







